lunes, 17 de febrero de 2014

Fue un mal sueño

Tuve un mal sueño.



Iba con una amiga en mi carrito, un híbrido de chevy y vocho, color rojo, tipo esmalte de uñas. Nos dirigíamos a un museo, posiblemente cerca del centro histórico. Era un día espléndido, las nubes eran cortejadas por un viento suave que las hacía deslizarse con elegancia. Yo me sentía feliz, pleno. Mi amiga también estaba contenta, al menos se veía relajada.




Escuché un ruido seco y contundente en la parte baja, me detuve para inspeccionar, no encontré nada, sin embargo, al intentar continuar nuestro camino, el auto ya no respondió. Ni siquiera con las majaderías que le propiné. Decidí que lo mejor era pedir ayuda y encaminé a mi amiga a un centro comercial que se encontraba a unas cuadras de ahí. Le aseguré que la buscaría en la zona de comidas, que se diera una vuelta y regresara cada quince minutos. Regresé al auto.




La zona estaba desierta y se percibía insegura, solo había bodegas y fábricas abandonas, por esa razón llevé a mi amiga a buen resguardo. Caminé un largo trecho buscando un mecánico o alguien que me ayudase a empujarlo pero no encontré nada. Ya me había alejado demasiado y me dio miedo. En las bodegas había gente que me miraba con desconfianza. Gente que entornaba sus ojos así ¬¬ , decidí regresar, llevar a mi amiga a su casa en transporte público y regresar más tarde con ayuda.





Tardé mucho tiempo en regresar al lugar donde había dejado el auto, sin encontrarlo. No estaba el auto y tampoco el lugar, al parecer me había perdido, pero la zona era la misma, las fábricas, las cortinas y hasta un poste frente a donde estaba el auto. Aunque, ciertamente, todo se veía diferente, digamos, más viejo.



Caminé al centro comercial y tampoco tuve fortuna. Ya no estaba, solo había casas de campaña, hechas con cartones y jirones de mantas, maderas y pedazos de láminas. Cientos de personas deambulaban, con caras tristes, ropas raídas. El lugar era muy parecido a donde había dejado a mi amiga, pero no era el mismo. Solo había paredes de concreto y gente rodeando fogatas. Era un cascaron de concreto, viejo y maloliente. La gente me miraba con recelo ¬¬ y corrían a ocultarse a sus "casas" cuando pasaba cerca de ellos. Curiosamente, no había niños.



Caminé por horas y por todos lados era el mismo escenario. Veía a la gente caminar con prisas pero, aparentemente, iban a ningún lado. Cada cierto tiempo sonaba una sirena con estridencia y salían corriendo en hordas desiguales. Al poco rato, regresaban grupos similares, pero, evidentemente , cansados.

Después de mucho rato vi a mi amiga. A lo lejos, pero vestida con ropas viejas y ella muy descuidad. Le grité por su nombre. Me ignoró. Le grité varias veces, mientras corría a su encuentro. Ella caminaba al lado de varias personas. La alcancé y la tomé del hombro. ella volteó asustada y me retiró la mano de su hombro con violencia. Corrió a buscar refugio. La seguí, pero la perdí entre la multitud.

En la búsqueda, llegué a una especie de bodega cuadrada, era inmensa, vacía de cosas pero llena de niños, cientos de niños, que jugaban, lloraban, se orinaban, gritaban. Niños sucios, malolientes, asustados, descuidados. Niños que provocaban compasión. Niños que se cuidaban solos.

Salí corriendo de ahí. Estaba muy asustado. y me paré a calmar el sofoco. Un hombre entrado en años, o quizá joven pero muy maltratado por la vida, se acercó y me ofreció una especie de caramelos opacos. Le agradecí pero no los tomé. Alzó sus hombros y se los llevó a la boca. ¿ Estás perdido?, verdad - Preguntó - No te preocupes, no eres el primero. Contigo van cinco que veo en mi vida. Eres un ser perdido en el tiempo. Estamos en el año 2097. Me quedé asombrado, el comenzó a reír. No tenía dientes.

En 2020, la situación del país se volvió insostenible. Se comenzaron a crear grupos y comenzaron a pelear por sus "derechos" llegaron a niveles muy altos y familias muy encumbradas. Se armó una guerra que culminó con el derrocamiento del gobierno y la repartición del país. Toda la parte del norte la tomó el vecino país, que ahora se llama América constituida. Y aquí abajo quedamos tres zonas, gobernadas por familias. Cada Zona se llama Territorio y está dividida en partes desiguales que se llaman tributarios. El mando se le da a un miembro de la familia.

Cada tribuario está dividido en dos áreas, donde viven los dueños y nosotros, que estamos encerrados, solo salimos a hacer las labores para las que nos requieran. Los niños están guardados en bodegas y son administrados por nanas que les van dando especialidades y los van educando para ser dóciles y sumisos.

Aquí nos gobernamos por vía de la fuerza. Los alimentos nos llegan en forma de caramelos y contienen nutrientes. Tenemos derecho a dos vasos de agua al día y la mayoría somos esterilizados al nacer.

De repente me di cuenta. La mujer que había visto, no era mi amiga. Era su nieta.

Desperté muy triste.